08 diciembre 2016

MI MIEDO A LOS AVIONES

Nunca tuve miedo a los aviones. De hecho, la primera vez que subí en uno de ellos no podía estar más emocionada. Me sentí un astronauta con el túnel que te lleva hasta el avión. Me reí con el despegue, una atracción a punto de arrancar con destino el cielo. Me creí un pájaro cuando, asombrada, perdí la vista más allá de la ventanilla. Volaba.

Sin embargo, ahora tengo miedo. La posibilidad de caer existe desde aquel día en que nos despedimos con un beso. Bueno, y con dos y con tres. Con tantos que casi no nos despedimos.

Tengo miedo a volar porque antes morir solo era morir. Ahora, morir es todo lo que jamás podré hacer. Tengo miedo a irme sin haberte dicho que me gusta la curva de tus ojos y tu sonrisa cuando me buscas, dispuesto a quitarme las palabras de la boca. A irme sin haberte hecho el amor todas las veces que me he imaginado debajo tuyo. A irme sin atreverme a susurrarte que te quiero.

Pero, ni los aviones, ni la noche, ni el tiempo podrán hacerme pronunciar estas palabras. Aunque quiera gritarlas hasta hacerlas desaparecer.

Tengo miedo a los aviones porque me recuerdan que por mucho que quiera decirte como me siento,  porque no quiero morir con ello, sé que tu no me dirás que sientes lo mismo.

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