30 diciembre 2016

LO QUE ANDABAS BUSCANDO

Una pequeña mordedura en la oreja
para dejar de escuchar el ruido.
Una mamada hasta el fondo
para ahogar en mí tus penas.
Un buen orgasmo
para gritar que soy una más entre tus piernas.

DESDE EL PRINCIPIO

Siempre lo supiste.
Si hablabas,
   yo me callaría todos los besos
   nunca existiría ese portal donde la lluvia no moja
   desaparecerían las sábanas con nuestros pies desnudos.
Siempre lo supiste.
Pero preferiste un polvo más a costa de convertirme a mí en polvo.
Siempre lo supiste
   y por eso te odio.

ECO

La canción que emanaba de su interior crecía hasta expandirse, perdiéndose entre los árboles. El viento se la llevaba consigo, intentando retener aquella enigmática voz. Esta, sin embargo, se resistía y  escapaba de sus  garras regresando en forma de eco. Al escucharla de vuelta, mezclada entre el susurro de los árboles, el nudo de su estómago se tensaba por momentos pero aun así no podía parar de cantar.
La chica que cantaba mantenía los ojos cerrados. A su alrededor miles de árboles se levantaban del suelo apuntando alto hacia el cielo, las enredaderas trepaban por sus troncos     y el musgo crecía de entre las rocas. Sus pies descalzos, arañados y sucios pisaban la tierra húmeda de aquel recóndito lugar.
Su voz era de una indudable belleza al igual que su rostro. Pálido y fino, este, se escondía tras una melena oscura que le llegaba hasta más allá del pecho, y sus rasgos, a primera vista ingenuos, ocultaban en verdad un misterioso atractivo. A pesar del frío solo llevaba puesto un vestido blanco, hecho añicos y manchado de tierra.
De sus ojos caían lágrimas negras que se deslizaban por las mejillas, dejando huella. El vello de su cuerpo se erizaba por completo, el corazón le latía con fuerza y un temblor permanente le inutilizaba las manos pero ni ella misma era consciente de ello. Tan solo sentía como esa presión del estómago subía hacia el pecho y del pecho hasta el cuello, donde se desataba una sensación de ahogo que la inundaba por dentro.

Quería gritar a pleno pulmón, agarrarse de los pelos, huir de aquel sitio. Sin embargo no podía dejar de cantar o la mano que sujetaba el rifle que la apuntaba no dudaría en apretar el gatillo. 

SILENCIO






El silencio apareció y, al darnos cuenta de su presencia, nos descubrimos buscándonos la mirada. Durante unos segundos leímos en los ojos del otro lo que estaba por venir. Sonreímos a la vez. Pues, bastó un instante para que nuestras bocas se encontraran.  

Y, mientras te comía a besos, pensé que no quería dejar nunca de predecir así el futuro contigo. 

COSAS QUE GRITO CUANDO NO PUEDO CALLARME

No soy buena persona puesto que quiero que sientas como me he sentido.
Quiero que tu mundo se congele
Que intentes convencerte a ti mismo que no has oído bien
Quiero que te mientan con un “me sabe mal que seas tú quien siempre venga”
Que se traduce en “no puedo quedar a menos que sea en mi cama y tu estés en ella”
Quiero que corras porque no te quedan más fuerzas
Que mires las vías del tren pensando en quedarte
Que guardes océanos bajo la almohada, horas de sueños perdidas
Quiero que te escueza la cara cuando te presenten como al que han estrenado
Que te hagan sentir como un puto muñeco usado

No soy buena persona porque créeme, nadie querría sentirse así.

Y no se si seré idiota también porque puede que en el fondo no te desee todo esto.

Es solo que quería que hubieras pensado
un poco menos en ti
y un poco más en mí
para no matarme
y seguir luego como si nada con tu vida.

Mientras que yo siento que por ti no he hecho más que perder la mía.

THESE DAYS

   ―¿Así que lo conocías?
El agente dejó de ordenar el papeleo de la mesa y posó su aplastante mirada en aquel joven. Vestía una camiseta negra ceñida con un corazón atravesado por un puñal alado situado justo en el centro. Llevaba una melena oscura despeinada y se escondía tras un flequillo largo. El chico asintió con la cabeza sin mirarle siquiera a los ojos. Parecía que luchase consigo mismo para retener las ganas de escurrirse de la silla y ocultarse bajo la mesa. El tembloteo de su pierna lo delataba. Nada más entrar en el imponente despacho los nervios se habían apoderado de él y ahora tenía que someterse a la mirada de treinta años de experiencia del jefe de policía.
Decidió no mirarle directamente a los ojos pues era consciente del poder que tenía su mirada. Además no la necesitaba, el chico no mentía. De eso estaba seguro.
En medio de aquel silencio absoluto el joven se acercó la mano a la boca pero en el último momento la desvió hacia el pendiente de su oreja. A juzgar por sus uñas debía tener el vicio de comérselas en situaciones como esa. Quizá tendría más confianza si supiera que había sido el primero en captar toda su atención con solo dos palabras, pensó el policía. Pero por mucho que se ruborizara aquello era algo que no le iba a contar.
Desde que la noticia se adueñó de los medios de comunicación no había parado de recibir a estúpidos curiosos. Periodistas, hombres con ínfulas de escritores e incluso mujeres de tercera edad se habían presentado a comisaría en busca de los detalles más escabrosos. Y todos ellos, al ser echados, soltaban la misma pregunta: ¿Qué decía la nota?
El chico, sin embargo, había sido el único en permanecer cinco minutos allí dentro.
   ―¿Cuántos años tienes muchacho?
   ―Diecisiete ―contestó con un hilo de voz.
   ―Bien, chico de diecisiete años. Sorpréndeme. ¿Qué clase de relación puede tener un adolescente con el suicida del casino de Montreal?
Al oír el apodo que le habían dado los medios el pelo se le erizó al instante. No era la primera vez que lo escuchaba. La mañana en la que se enteró de la noticia llegaba tarde a clase. Aunque le asustaba imaginar la cara que pondría la profesora si no cogía el tren de las siete se retrasó buscando el mando del televisor para que así su madre pudiera seguir durmiendo plácidamente en el sofá. Cuando por fin lo encontró enterrado bajo los cojines y se dispuso a apretar el botón rojo la voz de la mujer del telenoticias lo distrajo.
<<Encuentran esta madrugada el cadáver de un hombre en su casa. Las autoridades confirman que el cadáver coincide con el hombre que la noche anterior ganó ni más ni menos que 200.000 dólares en el casino de Montreal. Todavía se desconoce el verdadero nombre de la víctima y todo apunta a que se suicidó nada más llegar a casa. Pero, ¿cuáles son los motivos que empujaron al suicida del casino de Montreal a suicidarse después de ganar 200.000 de dólares? >>.
Las palabras de la mujer que se habían grabado en su memoria retumbaron dentro de su cabeza. A continuación, apareció en su mente la imagen que enseñaron de él en el telenoticias. El hombre estaba en el casino, horas antes de su muerte, con un cartel enorme en el que había escrito la cantidad que había ganado.  Sonreía con lágrimas en los ojos.
   ―¿Y bien? ―inquirió el policía, impaciente. 
   ―No era su casa. No es posible que lo encontraran allí ―dijo antes de que pudiera procesar las palabras que salían de su boca.
Bajo el bigote canoso del agente pudo vislumbrarse una pequeña sonrisa torcida. El chico estaba en lo cierto.
   ―¿Por qué crees eso?
   ―Porque el hombre no podía tener una casa.
El agente frunció el ceño, confundido.
   ―Era un vagabundo ―añadió finalmente.
Aquella no era la respuesta que esperaba. Hasta ahora los que habían llegado a esa misma conclusión recurrían al hecho de que si se le hubiera encontrado en su casa se conocería el nombre de la víctima. Sin duda, la versión del chico era mucho más interesante. El agente lo observó otra vez y se dijo a si mismo que el muchacho sería suficientemente listo para saber por qué mentían con aquel dato. Después de todo, necesitaban algún truco para comprobar que aquellos que acudían, no para enterarse de la historia sino para reclamar el dinero, pudieran justificar que eran familiares o conocidos. Sí, seguro que el muchacho ya lo sabía.
Después de reaccionar, tosió y volvió otra vez con sus preguntas.
   ―¿Cómo lo sabes?
   ―Me gusta tocar la guitarra y mis amigos creen que no canto mal así que algunos días toco en la entrada del metro, en la estación Namur. Siempre voy sobre las ocho y me estoy hasta las nueve y media. ―Hizo una ligera pausa para coger aire antes de continuar―. Él estaba siempre allí, en una esquina, con un carro de la compra al lado, recostado encima de un papel de periódico. Me escuchaba tocar. Estoy seguro de que era él, desde ese día no le he vuelto a ver.
El agente anotó las palabras estación Namur y ocho-nueve y media en su libreta. Más tarde las necesitaría. Iría hasta allí y preguntaría a la gente que pasara entre aquellas horas si podían corroborar la declaración del chico. Aunque lo que decía tenía sentido. La ropa que llevaba puesta cuando lo encontraron podía ser perfectamente ropa sacada de uno de esos contenedores de ropa.
Levantó la vista.
   ―¿Entonces qué clase de relación teníais?
   ―Ninguna. Nunca hablé con él. Solo he venido para decir cómo se llamaba y que no creo que tenga a nadie que se preocupe por él. ―Se colocó un mechón de pelo tras la oreja ―. Una vez alguien que se dirigía a la estación gritó un nombre y él se giró de repente. No puedo asegurarlo pero por cómo reaccionó desde ese día he pensado que se llamaba así. Jack. Eso es todo.
El joven se levantó de la silla y cogió la guitarra enfundada que había dejado apoyada en la mesa del despacho. El agente lo siguió hasta la puerta y antes de abrirle para que marchara lo retuvo con una pregunta más.
   ― ¿No te gustaría saber que decía la nota?
   ― No sé si debería ―dijo encogiéndose de hombros.
   ―“Nadie quiere ser uno mismo estos días. Aún no hay nada a lo que aferrarse estos días”. ¿Te suena de algo?
   ―No ―contestó.
Después él agente lo dejó marchar aun sabiendo que mentía.
De camino a casa el chico no dejó de pensar en la letra de la canción “These Days” de Bon Jovi y el significado que guardaba. El hombre había escrito en su nota de despedida la letra de la canción que él solía tocar en la estación.

En aquel momento, caminando entre la gente, poco imaginaba el futuro que le aguardaba. El chico que tocaba en el metro un día cantaría frente un público que no cogería ningún tren, que se quedaría solo para él. Cantaría la historia de un joven que iba cada tarde a tocar a la calle y de cómo su mayor espectador le robó un día unas monedas sin que se diera cuenta. Ese día se fue hasta el casino, donde ganó más dinero del que podía contar. Al salir del lugar el peso de la culpa de saber que no merecía el dinero lo asfixió y aquella misma noche respiró por última vez antes de colgarse en la habitación de un motel. Pero lo que desconocía es que ese chico que tocaba en el metro fingió no prestar atención para que así el hombre que nunca pedía dinero cogiera lo que necesitara. 

08 diciembre 2016

MI MIEDO A LOS AVIONES

Nunca tuve miedo a los aviones. De hecho, la primera vez que subí en uno de ellos no podía estar más emocionada. Me sentí un astronauta con el túnel que te lleva hasta el avión. Me reí con el despegue, una atracción a punto de arrancar con destino el cielo. Me creí un pájaro cuando, asombrada, perdí la vista más allá de la ventanilla. Volaba.

Sin embargo, ahora tengo miedo. La posibilidad de caer existe desde aquel día en que nos despedimos con un beso. Bueno, y con dos y con tres. Con tantos que casi no nos despedimos.

Tengo miedo a volar porque antes morir solo era morir. Ahora, morir es todo lo que jamás podré hacer. Tengo miedo a irme sin haberte dicho que me gusta la curva de tus ojos y tu sonrisa cuando me buscas, dispuesto a quitarme las palabras de la boca. A irme sin haberte hecho el amor todas las veces que me he imaginado debajo tuyo. A irme sin atreverme a susurrarte que te quiero.

Pero, ni los aviones, ni la noche, ni el tiempo podrán hacerme pronunciar estas palabras. Aunque quiera gritarlas hasta hacerlas desaparecer.

Tengo miedo a los aviones porque me recuerdan que por mucho que quiera decirte como me siento,  porque no quiero morir con ello, sé que tu no me dirás que sientes lo mismo.

30 octubre 2016

ABOUT

Si quisiera impresionarte supongo que diría que soy una chica con miles de ideas, entusiasta, impaciente por vivir nuevas experiencias, amante del cine, adicta a la música y a los libros. Si quisiera prevenirte de mí te confesaría que soy la persona más indecisa que conocerás nunca, alguien incapaz de ir al grano, torpemente despistada, con un pase para ir a la luna las 24 horas y que a veces se ahoga al ver el mundo como un vaso medio vacío. Si pudieras meterte en mi cabeza y descubrir por ti mismo, verías que, como una niña, sueño más que vivo. Y, si fuera sincera, te diría que no tengo ni puñetera idea de cómo soy. Porque, a día de hoy, aún sigo sorprendiéndome a mí misma. 

Así que, quédate solo con mi nombre, Claray con la idea de que escribo en secreto, algo que está a punto de cambiar.

Adoro escribir. Historias, reflexiones, pensamientos, palabras, lo que sea. Sin embargo, todo lo que escribo me lo guardo, quizá porque siempre he pensado que mis escritos son algo personal, un pedazo de mí y me atemorizaba el hecho de mostrarme en palabras. Pero creo que ha llegado el momento de dejarme ver y compartir mis escritos.


Con esta idea nace Free Spirit, un blog dedicado a hacer llegar mis escritos. Así esta web se convierte en mi segunda mente, un almacenamiento de historias desde el cual te invito a comentar y a darme tu opinión.

15 octubre 2016

UN LUGAR DE PASO



Nunca pretendiste quedarte y mucho menos conocerlo. Pero allí estaba, esperando, un lugar de paso.

Desde el principio con otro destino en mente jamás le prestaste suficiente atención, jamás te importó demasiado. Por eso no viste más que una mera parada en tu camino. Un lugar donde pasar la noche, donde abrigarte de la soledad y el frío.

No sabes que fue pero hubo algo en él que hizo que volvieras a parar allí. Una y otra vez pero nunca el tiempo suficiente. Sin pararte a descubrir, sin esperar al día. Perdiéndote las luces, los colores. Sin perderte en los detalles, los olores.

Pero tú no querías verlo porque nunca pretendiste quedarte y mucho menos conocerlo. Pues, un día llegarías a tu destino, esta vez para quedarte y no volverías más a aquel sitio.


Así me sentí yo,
como un lugar de paso


08 octubre 2016