El silencio apareció y, al darnos cuenta de su presencia, nos
descubrimos buscándonos la mirada. Durante unos segundos leímos en los ojos del
otro lo que estaba por venir. Sonreímos a la vez. Pues, bastó un instante para
que nuestras bocas se encontraran.
Y, mientras te comía a besos, pensé que no quería dejar nunca de predecir
así el futuro contigo.

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